Competencia y Cooperación Empresarial 2


La competencia es el elemento regulador del mercado que debería contribuir a que cada vez los bienes y servicios producidos sean mejores, se produzcan de forma más eficiente y respondan más adecuadamente a las necesidades y demandas de los consumidores. Más allá del deber regulador que compete a los gobiernos y del escrupuloso cumplimiento de la legislación al respecto que debe caracterizar la actuación de las empresas, de éstas se espera lealtad y buena fe, un comportamiento ético que, a través del juego limpio, alimente una sana competencia que contribuya a la mejora continua de todos los oferentes de bienes y servicios.

Dando un paso más allá es necesario también que las organizaciones se incorporen a asociaciones y foros de interés común con sus competidores, lo cual puede llevarse a cabo adhiriéndose a asociaciones profesionales o empresariales de carácter sectorial y/o territorial o participando en proyectos de cooperación sectoriales.

Sin duda, las alianzas empresariales generan valor para los que participan en ellas. Según la consultora Booz Allen & Hamilton Analysis (http://www.boozallen.com), las 25 empresas de EEUU más activas en cooperación empresarial presentan unas tasas de rentabilidad del 17,2%, un 5% más que la media de las 500 empresas del ranking de la revista Fortune; el mismo estudio, realizado en 2000, revela que esta cooperación se da en todas las industrias.

La cooperación empresarial es una fuente de ventajas competitivas: se crea valor a través de la cooperación (distintos actuantes del mercado  se convierten en aliados), el complemento (combinación de diferentes recursos y  capacidades para la generación de sinergias) y el conocimiento (transferencia de  tecnología y know how).

Ciertamente, a través de las alianzas, las organizaciones son capaces de superar muchas de sus limitaciones. Sin embargo, para éstas sean fructíferas deben generar valor para los diferentes grupos de interés (clientes, inversores…) y las entidades involucradas deben mostrar una clara disposición a la colaboración y asegurarse de que intereses están alineados y los recursos, habilidades, esfuerzos y beneficios equitativamente distribuidos. En general, al iniciar una alianza deberían tenerse presentes estos elementos fundamentales.

  • Deben ponerse sobre la mesa, de modo transparente los objetivos de cada una de las partes interesadas para asegurar que éstos sean compatibles.
  • Debe existir un acuerdo previo acerca de la gestión de los recursos compartidos como consecuencia de la alianza y de la administración de la “meta-entidad” que surge de la cooperación.
  • La alianza debe ser administrada por separado y de modo independiente de cada una de las entidades participantes y a través de uno de los socios que tenga credibilidad y respeto por ambas partes.
  • Deben existir buenas relaciones entre las empresas que integran la alianza.
  • Debe existir un acuerdo previo para resolver las posibles desavenencias que puedan surgir en el transcurso de la colaboración.
José Manuel Barco Sousa
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