Identificación de Partes Interesadas 2


Cada organización debe identificar sus propios stakeholders, pues en función de su tamaño, ámbito de actuación, actividad… se relacionará más con unos grupos y otros y la intensidad de esas relaciones será variable. Sin embargo, los stakeholder con los que se relacionan las empresas pertenecen, en general, a alguna de estas categorías.

1. Accionistas.

El accionista es un inversor que aporta capital a la empresa y puede implicarse más o menos en su gestión. Dada la aportación que realiza genera ciertas expectativas acerca del comportamiento de la empresa en general y con lo que respecta a su aportación. La RSE exige que se atienda por igual a todos los inversores, grandes o pequeños, y que se les facilite información fiable y adecuada acerca del desarrollo de la empresa.

2. Alta dirección.

Son quieres asumen la gestión de la empresa y generan también ciertas expectativas sobre la misma. Son quizás la parte que más podríamos identificar con la empresa en sí, en tanto que nodo gestor de relaciones. La RSE impone articular mecanismos para evitar que el poder ejecutivo que ostentan los gestores sea utilizado en beneficio propio desatendiendo o contraviniendo los legítimos intereses de otros stakeholders.

3. Empleados y trabajadores.

Siendo el principal activo de la organización y, sin duda, uno de los grupos de interés más cercanos a la organización, la RSE exige que se les brinde un trato justo, escrupulosamente respetuoso con sus derechos como personas y con la legislación laboral de aplicación. Más allá de esto, una gestión responsable de RRHH evaluará y recompensará las contribuciones de cada uno de los miembros de la organización y facilitará, más allá de la profesional, el cultivo de todas las dimensiones de la persona.

4. Proveedores y contratistas.

La capacidad de control de las grandes compañías sobre sus proveedores es enorme. En el sector de la automoción, por ejemplo, se emplean sistemas de trabajo just-in-time; sólo se tiene stock de piezas para mantener en funcionamiento la cadena de montaje durante unas horas y se obliga a los proveedores a mantener stock para un par de días. Por otra parte controlan no solo a sus proveedores, sino también a los proveedores de sus proveedores; en la cadena de proveedores llegan hasta el último de los proveedores que consideran críticos para asegurar determinados niveles de calidad y un abastecimiento constante de piezas. Una empresa socialmente responsable debe garantizar el cumplimiento de los derechos humanos con la misma diligencia con que se garantiza el suministro.

Por otra parte, cuando una empresa se deslocaliza para ubicarse en países con unos costes más bajos, sabe que esos costes son costes laborales y que, en buena medida, se deben a condiciones más precarias. Cuando realiza esa elección debe reconocer que la hace porque en el balance coste/beneficio cree que sale beneficiada, sabiendo perfectamente que el ahorro se produce en buena medida debido a las condiciones de las que hablábamos. Parece hipócrita tomar la decisión y en caso de algún incidente alegar desconocimiento o incapacidad para solucionarlo.

Yendo más allá de sus obligaciones legales, las organizaciones deben integrar criterios de RSE en los procesos de homologación de sus proveedores para asegurar un escrupuloso respeto de los derechos humanos y de las obligaciones legales en su cadena de suministro.  En contrapartida, los proveedores deberían poder esperar cierto compromiso por parte de las empresas contratantes consolidando relaciones que, yendo más de perspectivas cortoplacistas, les permitan mejorar su operatividad y consolidar su responsabilidad social.

5. Clientes y consumidores.

Más allá de los derechos que garantizan las diferentes legislaciones a consumidores y usuarios de bienes y servicios y de los requisitos para la protección de los mismos que se imponen a las empresas, éstas, tanto por manifestación de su responsabilidad social como por necesidad de mejorar sus resultados, deben prestar constante atención a las legítimas expectativas de sus clientes y consumidores y ser coherentes con los compromisos que adquieren con éstos a través de la publicidad que hacen de los bienes y servicios que producen.

6. Competencia y mercados.

La competencia es el elemento regulador del mercado que debería contribuir a que cada vez los bienes y servicios producidos sean mejores, se produzcan de forma más eficiente y respondan más adecuadamente a las necesidades y demandas de los consumidores. Más allá del deber regulador que compete a los gobiernos y del escrupuloso cumplimiento de la legislación al respecto que debe caracterizar la actuación de las empresas, de éstas se espera lealtad y buena fe, un comportamiento ético que, a través del juego limpio, alimente una sana competencia que contribuya a la mejora continua de todos los oferentes de bienes y servicios.

7. Entidades financieras

En tanto que proveedoras de liquidez y financiación, las entidades financieras tienen legítimos intereses en aquellas empresas a las que prestan servicios.

8. Relación con las administraciones.

Sin duda alguna las administraciones son partes interesadas de las empresas que actúan en su ámbito de competencias.

En primer lugar, por la contribución que las empresas realizan al erario público por la vía del pago de diferentes impuestos y tasas.

En segundo lugar, dada la notable influencia que las empresas poseen, la administración, como representante y defensora de los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos, tiene la obligación de supervisar la actividad empresarial para garantizar que ésta contribuye al bien común y no vulnera ninguno de los derechos que los ciudadanos ostentan.

Una empresa socialmente responsable mantendrá una actitud de confianza y cooperación con las administraciones, además de un escrupuloso respeto a sus obligaciones legales y normativas, como expresión de su intención de participar y contribuir a la mejora de la sociedad de la que forman parte.

Esta actitud no significa sometimiento acrítico a todas las pretensiones de la administración. Es más, dada la mayor capacidad de influencia que las empresas tienen, un comportamiento verdaderamente responsable, supondrá el deber de promover mejoras en las regulaciones cuando éstas son insuficientes, ineficaces, injustas…

9. Entorno social cercano (vecindario).

Nos referimos aquí al entorno inmediato de los lugares donde están ubicadas las empresas, que pueden sufrir tanto externalidades negativas (contaminación, impacto paisajístico, fluctuaciones en el valor del suelo…) como positivos (mejoras en las vías de comunicación, aumento de la renta disponible…).

Una empresa socialmente responsable es consciente de su capacidad de impacto en su entorno y estableciendo cauces de diálogo y cooperación con él, identifica estos impactos e intenta implementar mecanismos para minimizar o compensar los negativos y potenciar los positivos.

Este compromiso con su entorno social cercano crea vínculos muy estrechos entre la empresa y la comunidad de la que forma parte, que repercutirán positivamente en la organización tanto por la identificación y compromiso de los miembros de esa comunidad que la empresa incorpore como trabajadores como por la especial atención que cabe esperar le brinden las administraciones que representan a la misma.

10. Medio ambiente.

Una de las definiciones que pueden darse de “sostenibilidad” es aquella que la considera como la capacidad de satisfacer las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras; definición especialmente pertinente cuando consideramos el impacto ecológico de la actividad industrial y económica. La huella ecológica de dichas actividades se pone de manifiesto en hechos como el calentamiento global, la disminución de la biodiversidad… La única apuesta posible es un desarrollo ecológicamente sostenible y, para que esto sea posible sin renunciar a las cotas de bienestar alcanzadas, es más, para que estas cotas pueden extenderse a las poblaciones de áreas geográfica menos privilegiadas que el primer mundo desarrollado, es necesario un desarrollo tecnológico que se oriente a la explotación de fuentes de energía alternativas. Diversas instituciones están ya trabajando en esta línea: WBCSD (World Business Council for Sustainable Development; www.wbcsd.ch), CERES (Coalition for Environmentally Responsible Economies; www.ceres.org), el Club de Roma (www.clubofrome.org), etc.

11. Entorno social amplio y ONG.

En un mundo globalizado como el actual, tanto por lo que se refiere a la cada vez más evidente interconexión entre los diversos ámbitos y agentes, como por lo que se refiere al hecho de que el sistema atiende con más interés a intereses económicos que sociales desplazando hacia sus márgenes a determinados actores y grupos de población, una actuación socialmente responsable requiere implantar mecanismos que compensen el impacto difuso que su actividad puede provocar. Llegados a este punto la RSE supone un firme compromiso con los derechos humanos y la cooperación al establecimiento de unas condiciones de vida dignas. Más allá, de este compromiso las iniciativas se concentrarán en acciones de filantropía y patrocinio.

12. Medios de comunicación social

En el ámbito empresarial, los medios de comunicación desarrollan una labor de control y crítica contribuyendo a la higiene del sistema y jugando un papel de gran relevancia en la extensión de la RSE. Una empresa socialmente responsable debe aceptar y respetar este papel que juegan los medios de comunicación encarando su política de comunicación desde el diálogo y la transparencia yendo así más allá de encuadra su relación con estos desde una estrategia de “marketing social” que lejos de ser manifestación de sus valores se convierte un trabajo estético vacío de contenido.

José Manuel Barco Sousa
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