RSC e Igualdad de Oportunidades 1


De un tiempo a esta parte venimos oyendo hablar, cada vez con más profusión, de la Responsabilidad Social Empresarial y, últimamente, las administraciones públicas están asumiendo un papel cada vez más activo en su promoción. En una primera aproximación podríamos definirla como “una nueva visión de la implicación y la trascendencia de la labor de la Empresa en el Mundo Globalizado en el que vivimos”. Así lo expresó Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, en el Foro Económico Mundial de Davos de 1999.

Perfilando un poco más el concepto podríamos decir que la Responsabilidad Social Empresarial es una reflexión ética en torno a la actividad empresarial que se articula en torno a la sostenibilidad como valor fundamental, y una nueva perspectiva transversal desde la que acercarse a todos los elementos de una organización con el fin inspirar un nuevo modelo de gestión que establezca la sostenibilidad como principal criterio de desempeño. La sostenibilidad, considerada tanto en su aspecto de valor ético como de criterio de desempeño, abarca tanto a los aspectos económicos de la actividad empresarial como a sus impactos y repercusiones ambientales y sociales. Ciertamente el primer deber y fundamental criterio de desempeño de una organización es su sostenibilidad económica, pero la Responsabilidad Social introduce la necesidad de mantener esa rentabilidad de manera continuada y nos abre a la consideración de más aspectos que, además, nos sugiere analicemos desde la perspectiva de las legítimas expectativas de todos los colectivos implicados y/o afectados por la actividad de la empresa. En último término, la Responsabilidad Social viene a decirnos que ser competitivo es algo más que ser rentable y a indicarnos los caminos por los que transitar para alcanzar esa competitividad.

Es en este contexto en el que debe abordarse otro de los temas de los que también venimos oyendo hablar con cierta profusión y acerca del que las administraciones están asumiendo también un papel de promoción muy activo: la igualdad de oportunidades. En este marco más amplio de la Responsabilidad Social la promoción de la igualdad, lejos de ser un aspecto marginal adquirirá carta de ciudadanía entre los valores corporativos que orientan la actividad empresarial.

La actividad de las empresas tiene gran impacto en la vida social y, siendo conscientes de esto, se les pide que contribuyan a revertir una situación de desigualdad manifiesta pues, como afirma la Recomendación CM/Rec(2007)17 del Consejo de Europa,La igualdad entre mujeres y hombres no es una cuestión que únicamente afecte a las mujeres, sino que también atañe a los hombres y a la sociedad en su conjunto. Además de ser un requisito de la democracia y la justicia social, la igualdad entre mujeres y hombres también es un bien común, una fuente de ventajas sociales, políticas y económicas, para cada individuo de la sociedad y para la sociedad en su conjunto”.

Existen muchos argumentos para que las empresas trabajen a favor de la promoción la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Podemos citar: el cumplimiento de la ley, las ventajas competitivas, el aumento de la motivación del personal, el aprovechar el potencial y las capacidades de todo el personal, el consolidar una cultura de empresa más participativa, diferenciarse como empleador, fortalecer la imagen corporativa de la empresa… Los argumentos más relevantes se focalizan en torno a la gestión de personas y la atracción, gestión y retención de talento. El capital humano determina de modo muy importante la productividad, tanto a nivel individual como agregado, y su importancia es cada vez mayor en una economía crecientemente intensiva en conocimientos. Si verdaderamente queremos alcanzar el objetivo marcado en la cumbre de Lisboa del año 2000 de que “Europa sea la economía más competitiva y dinámica del mundo, basada en el conocimiento, capaz de un crecimiento económico sostenible con más y mejores empleos y una mayor cohesión social” es necesario acelerar el tránsito hacia otro modelo competitivo en el que el capital humano se convierta en la clave, resultando imprescindible atraer y retener el talento. El capital humano, las personas, hombres y/o mujeres, son el principal activo de cualquier organización y promover la igualdad de oportunidades y la conciliación no pueden sino contribuir a potenciar el rendimiento de ese capital. El desarrollo e implantación de herramientas de gestión de personas que garanticen la Igualdad de oportunidades significa valorar capacidades y méritos, dejando al margen otras cuestiones que no tienen repercusión en el rendimiento y la aportación de valor que las personas hacen a una organización.

Las iniciativas de promoción de la igualdad desde el ámbito empresarial son parte del conjunto de iniciativas llevadas a cabo por el cuerpo social a través de diversos miembros y, ciertamente, necesitan aún cierto tiempo para madurar y, especialmente y a pesar de los avances ya conseguidos, para dar frutos significativos.

Debemos ser conscientes de que la Responsabilidad Social ha venido para quedarse y de que tiene una contribución muy importante que hacer a las empresas. Y debemos ser conscientes de que la promoción de la igualdad es sino una oportunidad, cuando menos una expectativa legítima de la sociedad a la que las empresas deben dar respuesta si no quieren ser castigadas por un mercado cada vez más sensible a las cuestiones sociales y medioambientales.

Revista “FEGAPE”, nº 1, p. 30

José Manuel Barco Sousa
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